Mariano Morano Dizú.
Eran los sonidos ruidosos
eran fuertes, era un escenario de confusión.
Un hombre miraba rápidamente
de un lado al otro.
Él estaba convencido de su presencia en el lugar.
Sin embargo un sentimiento le aturdía,
era un sentimiento que nunca había tenido.
Allí estaba gritando, luchando.
Al otro lado la policía con sus escudos y sus palos,
supuestamente no llevaban armas de fuego ardor.
Al otro lado el color de la agresión.
El indígenas sólo sintió que su cuerpo se desvanecía,
tal vez no escucho el disparo que le propició la muerte,
se había quedado en el suelo
mientras los otros estaban desconcertados,
aturdidos por la incredulidad.
Los vellos de punta, la angustia,
los gritos para buscar la forma de sacar a Mariano de allí
para recuperarle de sí mismo.
Pero todo parecía derretido en un color sepia tormentoso.
La Minga continuaba con una persona menos.
Una persona que creía en la palabra
en la fuerza de la dignidad y la identidad de un pueblo.
Tal vez nunca pensó que se quedaría sin sí mismo.
Sobre la vía Panamericana había piedras,
esquirlas y un sonido de dolor.